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miércoles, 1 de mayo de 2013

Masaje infantil. Parte 1.

Una de las cosas que más disfrutamos en casa es del masaje. Me permite crear una atmósfera tranquila y de complicidad con el bicho en cuestión que esté masajeando.

Es muy placentero, tanto para quién lo da como para quién lo recibe, y es fantástico ver como un bebé se relaja y mantiene una expresión de felicidad absoluta. Además, permite establecer una conexión muy intensa.

Como nos gusta tanto, os vamos a proponer una serie de técnicas para que podáis hacerlo también. Pero hoy vamos a empezar explicando un poco en qué consiste.
 
Los bebés crecen mejor con masajes.
Los masajes en recién nacidos no sólo son benéficos para niños con problemas de sueño, cólicos y estitiquez. Además de ser una excelente herramienta de ayuda para las madres de recién nacidos, con esta terapia se obtienen muy buenos resultados en el desarrollo de sus pequeños.
Un estudio reciente de la Escuela de Medicina de la Universidad Nacional de Kangwon, Corea, comprobó que los bebés prematuros crecen mejor, fuertes y más rápido con masajes constantes en el tiempo realizados por sus propias madres.
El estudio evaluó la respuesta de niños prematuros al masaje infantil (estimulación táctil y kinestésica), la que fue medida en las variables de peso, fisiológicas (tono vagal, frecuencia cardiaca, saturación de oxigeno) y respuestas de comportamiento (estado motor y estado de relajación).
La muestra fue dividida e dos grupos de 13 niños con edades gestacionales menores a 36 semanas al nacimiento, uno de los cuales recibió masajes dos veces al día por 10 días.
¿Los resultados? El tono vagal fue significativamente mayor después del masaje. El grupo experimental tuvo también mejores puntajes en alerta y vigilia, y actividad motora. Este trabajo demostró que la terapia de masajes puede mejorar y aumentar un respuesta fisiológica óptima y un mejor comportamiento en niños prematuros.
Beneficios para nuestros bebés.
El masaje infantil beneficia fisiológica y psicológicamente a los bebés y sus padres.
  • Estimulación: La sensibilidad de la piel es la función que se desarrolla más temprano y el más importante de todos los sistemas sensoriales de desarrollo. El vínculo resulta esencial, tanto como para la supervivencia de los bebés como para la capacidad nutricional de la madre. Los estudios culturales también apoyan la idea de que los niños deben recibir masaje y caricias más de lo que actualmente es habitual en las culturas occidentales.
  • Desarrollo cerebral: La estimulación sensorial acelera la mielinización del sistema nervioso cerebral. La vaina de mielina es una envoltura de grasa que cubre cada nervio, protege el sistema nervioso y acelera la transmisión de los impulsos del cerebro al resto del cuerpo. El proceso de recubrimiento de los nervios no está completo al nacer, la estimulación acelera este proceso.
  • Relajación: Antes del nacimiento, el cuerpo del bebé se inunda con ACTH, hormona que se produce para enfrentar el estrés, con que el cuerpo y el cerebro están en estado de alerta. El contacto táctil, el contacto con la mirada y el sonido de los latidos del corazón de la madre son señales importantísimas que el bebé recibe de su madre después del nacimiento, que le ayudan a bajar el nivel de ansiedad, miedo y estrés.
  • Alivio: El masaje en el área digestiva, ayuda a mover los gases y la materia fecal, acelera la mielinización del sistema nervioso para una mejor comunicación cerebro-cuerpo, hay técnicas para aliviar los cólicos, molestias de la dentición, congestión y estrés.
  • Vínculo madre o padre - hijo: Los vínculos son para los humanos un proceso de interacción recíproca, es una danza que produce confianza e intimidad. A los padres que se contactan física y emocionalmente con sus bebés de modo permanente les resulta más fácil interpretar la comunicación no verbal de sus hijos.
La técnica del masaje infantil proviene de cuatro fuentes principales. La primera es la tradición hindú, la segunda el método sueco, la tercera es la técnica de la reflexología y la cuarta viene de la Bioenergética suave de Eva Reich.
 
El masaje infantil fomenta los lazos entre padres e hijos, por ello, es esencial que los padres entiendan su papel, no simplemente como masajistas, sino como espejos para sus bebés. Los padres y los bebés tienen su propio sistema de comunicación que es único para ellos. El masaje infantil toca el aspecto más profundo de vínculos padres - hijos y requiere sensibilidad y comprensión.
 
Saludos excursionistas.
 
Copyright Terra Networks Chile S.A.
La información está extraída del curso de masaje infantil impartido en el C.A.P. Sardenya de Barcelona.

miércoles, 24 de abril de 2013

Comunicación positiva. Parte 5.

Nosotros no somos partidarios de los castigos. Bajo nuestro punto de vista, sólo sirven para que los niños aprendan a hacer las cosas a escondidas. Ojo, esto no quiere decir que cuando algo está mal no haya ninguna consecuencia.

Muchas veces, la línea que separa el castigo de la consecuencia es muy sutil y difícil de diferenciar.

El objetivo, al menos para nosotros, no es que el niño deje de hacer algo, sino que sepa por qué no se debe hacer y que si lo hace, puede tener consecuencias.

Hoy, en la comunicación positiva, vamos a ver alternativas al castigo.

Alternativas al castigo.

Lo primero de todo es saber diferenciar qué es un castigo y qué es una consecuencia. Un castigo es una privación deliberada durante un tiempo determinado o el acto de hacer daño (física o psíquicamente) con la intención de dar una lección. Una consecuencia es un resultado natural de una conducta. Por ejemplo, si un niño pinta una pared y no le dejamos ver la tele, es un castigo, sin embargo, si hacemos que limpie la pared, es una consecuencia.

¿Cómo podemos cambiar la manera de educar a nuestros hijos?

Señala la manera de ser útil. Es mucho más productivo y constructivo decir "ayúdame con la compra. Coje ese paquete de galletas y ponlo en el carro", en vez de "cuando lleguemos a casa te vas a enterar".

Expresa una censura rotunda sin atacar el carácter. En lugar de decir "comes como un marrano", es mejor "no me gusta nada como comes. Lo estás ensuciando todo".

Dile cuales son tus expectativas. Expresa lo que sientes y dile lo que esperas para la próxima vez. Es preferible "cuando te presto algo, espero que me lo devuelvas" a "no te lo dejaré nunca más".

Enseña al niño como rectificar. Por ejemplo, "lo que hay que hacer es limpiar la pared que has pintado".

Da opciones. En vez de decir "como te vuelva a ver correr, te doy un bofetón", prueba con "deja de correr, tienes dos opciones: o caminas tranquilo a mi lado o te sientas en el cochecito".

Toma medidas. En lugar de "te la has ganado", sienta al niño en el cochecito mientras dices "vale, has elegido ir sentado".

Permite al niño que experimente las consecuencias de sus faltas. Consecuencias naturales al acto en sí. "Cuando aprendas a pintar en el papel, en vez de en la pared, podrás utilizar los lápices".

A veces, lo ideal es llegar a una resolución conjunta. Tratar según que situaciones con los niños puede llevar a encontrar una solución que nos satisfaga a todos de una forma más sencilla. Veamos:

1. Habla de los sentimientos y necesidades del niño. "Estoy pensando que no es fácil dejar de jugar cuando estás tranquilo y relajado pasándotelo bien con tus juguetes".
2. Habla de tus sentimientos y necesidades. "Pero por otro lado, me frustra tener que discutir contigo para que te bañes".
3. Exprimid vuestros cerebros para encontrar una solución mutuamente aceptable (algo en plan "unamos nuestros cerebros para encontrar una idea que nos guste a los dos").
4. Apuntad todas las ideas sin evaluarlas.
5. Comentad las ideas, decidid cuales os gustan, cuales son desechables y cuales seguiréis en el futuro.

Al encontrar una solución conjunta, además, les estáis haciendo partícipes de una situación y el hecho de que sean parte activa de esa solución propuesta hace que sean más proclives a comprometerse y responsabilizarse.

Por último. A veces, el niño reincide y se disculpa. Decir "lo siento" está muy bien, pero puede convertirse en una técnica en la que le permite una disculpa rápida para salir del paso y repetir una conducta no deseada más adelante. Ante un "lo siento" o "perdón" reincidente va bien un "me alegra que lo sientas, en un primer paso muy importante. Ahora deberíamos pensar qué hacer para que no vuelva a pasar".

Como colofón. Los premios, como refuerzo a una actitud positiva, son tan negativos como lo son los castigos. Utilizando ambas técnicas lo que se trasmite es que se hacen las cosas bien para obtener una recompensa o evitar un castigo sin interiorizar el por qué es conveniente hacer las cosas bien hechas. Las consecuencias (tanto positivas como negativas) permiten, precisamente, aprender por qué es conveniente actuar de una manera o de otra.

Esperamos que os sirva de ayuda.

Saludos excursionistas.

Fuentes de este artículo:
Como hablar para que sus hijos le escuchen y como escuchar para que sus hijos le hablen. Adele Faber y Elaine Mazlish. Ed. Medici.
ISBN: 9788486193867

martes, 2 de abril de 2013

¿Jugamos a un juego? Parte 2.

Después del parón de semana Santa, retomamos nuestra actividad normal y volvemos a la carga. Hoy proponemos una nueva entrada sobre el juego y su importancia en el desarrollo. Esparemos que os guste.

El juego funcional o de ejercicio.
Los juegos de ejercicio pertenecen al estado sensoriomotor, por lo que son propios de los dos primeros años de edad. Consisten en repetir una y otra vez la misma acción con la intención de obtener un resultado inmediato.

Este tipo de juego se puede hacer tanto con objetos o personas como sin ellos:
  1. Arrastrarse, gatear, caminar, balancearse, etc... son acciones que se consideran juegos de ejercicio con el propio cuerpo. Permiten dominar el espacio gracias a los movimientos.
  2. Morder, chupar, lanzar, agitar, golpear... se consideran juegos de ejercicio con objetos donde se manipula y se explora sensorialmente las  cualidades de los objetos.
  3. Sonreir, tocar o esconderse son acciones que se consideran juegos de ejercicio con personas. Favorecen la interacción social.

El juego funcional es beneficioso para:
  • El desarrollo sensorial.
  • La coordinación de movimientos y desplazamientos.
  • El desarrollo del equilibrio estático y dinámico.
  • La comprensión del mundo que rodea al bebé (que los objetos y personas no desaparecen, que las cosas ocurren por una causa-efecto, que los objetos se pueden combinar entre ellos, etc.).
  • La autosuperación (cuanto más se práctica, mejor se hace).
  • La interacción social con la persona de apego.
  • La coordinación óculo-manual.

La evolución que presenta este tipo de juego es muy rápida. La podríamos clasificar de la siguiente manera:
  • Desde el nacimiento hasta los cuatro meses. Durante el primer mes de vida, el bebé tiene unos reflejos involuntarios y automáticos ante cualquier estímulo. Poco a poco, algunos de estos reflejos se van tornando más útiles (gira la cabeza hacia un sonido, por ejemplo). Los adultos estimulamos al bebé con objetos, captando su atención hacia los objetos de su entorno. Entre los dos y cuatro meses, el bebé pone en marcha un tipo de conducta llamada "reacción circular primaria". Esta conducta se inicia por azar e involuntariamente, y produce un resultado tan placentero que motiva al niño a repetirla una y otra vez hasta conseguir el mismo efecto. Así pues, el bebé juega con su propio cuerpo y realiza acciones por propio gusto (mirar un objeto, balbuceos, sonrisas...).
  • Desde los cuatro hasta los ocho meses. En este periodo aparece la "reacción circular secundaria". El bebé descubre de nuevo por casualidad una conducta que le interesa, pero esta vez sobre el entorno físico y social. El bebé empezará a coger y manipular objetos mejorando su coordinación. Empieza pues, el juego de ejercicio con objetos: los mueve, los gira, los manipula. Los adultos solemos ofrecer juguetes que favorecen la exploración sensorial (sonajeros, llaves de colores...) y empezamos también a hacer juegos de interacción social (juegos de falda, mimitos...). Si paramos el juego que estamos haciendo con el bebé, este nos pedirá que la reanudemos con balbuceos o agitándose. A esto se le llama "procedimiento para prolongar un espectáculo interesante". Cuando el bebé empieza a imitar al adulto, se amplia el juego buscando una participación más activa (comienza el palma palmitas o cinco lobitos).
  • Desde los ocho hasta los doce meses. En esta etapa la atención sobre lo que ocurre alrededor del bebé está más acentuada y empieza a realizar acciones concretas para conseguir un fin. La acción ya no se produce por casualidad, es intencionada y con el fin de conseguir un objetivo. En este punto aumenta el interés por los objetos en sus acciones. Se produce, también, una mayor comprensión del entorno y la realidad, por lo que el bebé puede encontrar objetos escondidos a su vista, trasladarse para alcanzar un objeto, utilizar un objeto como contenedor de otro, ofrecer un objeto para que se lo pongamos en marcha, dejar caer y tirar objetos... En este momento aumenta, también, la capacidad locomotora del bebé (pueden arrastrarse, gatear o empezar a andar), lo que permite aumentar el espacio y los objetos a explorar. También damos más protagonismo al bebé con los juegos de falda, por lo que interactúa más con el adulto y puede pedir el inicio de un juego concreto (por ejemplo, puede taparse los ojos para jugar al cucú-tras).
  • Desde los doce hasta los dieciocho meses. En esta fase el bebé entra en una etapa de experimentación (a ver que pasa si hago esto). Comienza a utilizar los objetos de una forma más instrumental: utiliza los objetos para alcanzar otros que le interesan más. Un bebé en esta etapa puede intentar localizar un objeto escondido aunque no haya visto esconderlo, puede tirar de una cuerda para acercar un objeto o activar juguetes después de una demostración. También empieza a imitar gestos aunque no pueda verlos en sí mismo.
  • Desde los dieciocho a los veinticuatro meses. En este punto el bebé es capaz de hacer una representación mental de lo que quiere hacer. Es una etapa que se caracteriza por la imitación sin necesidad de que el modelo esté presente. Este tipo de juego abrirá las puertas al juego simbólico y comienzan a ser una representación de los quehaceres cotidianos.

Como podemos ver, el juego es básico para que el bebé aprenda a conectar con el mundo que le rodea, y es tan importante como el comer o el dormir, puesto que es lo que le va a permitir adquirir todas sus habilidades.

Esperamos que os haya resultado interesante.

Saludos excursionistas.

lunes, 18 de marzo de 2013

Comunicación positiva. Parte 4.

Volvemos con la comunicación positiva.

Una de las cosas que teníamos claras Papa y yo era que la crianza ya es suficientemente difícil y complicada como para convertirla en una batalla campal.

En el diálogo y la comunicación permanente hemos encontrado un poderoso aliado para que la crianza sea más sencilla.

Técnicas para colaborar con nuestros hijos y... que nuestros hijos colaboren.
Describe. Describe absolutamente todo lo que veas. Y, por supuesto, describe el problema que quieres solucionar. La próxima vez que veas que tu hijo se ha dejado la tele encendida, en vez de enfadarte y/o sacar a relucir defectos, describe lo que ves. En vez de "¡Qué despistado! ¡Te has vuelto a dejar la tele encendida!", prueba un "la tele está encendida". Además, es mejor si se elimina el tono acusador. Cambia el "se te ha caído arroz al suelo" por "se ha caído arroz al suelo, necesitamos el recogedor para limpiarlo".

Da información. La información es más fácil de digerir que un reproche o una acusación. Funciona mejor "el sofá es para sentarse, no para saltar" que "si te vuelvo a ver saltando en el sofá te vas a enterar".

Exprésate de forma breve y sé directo. En lugar de soltar una parrafada con discursos y sermones, dí de forma clara y corta lo que quieres. Por ejemplo: "Nene, la leche o Nene, tómate la leche", "esa puerta...", "no saltes en la cama".

Expresa tus propios sentimientos. Al describir como te sientes, no sólo estás enseñando a tu hijo a entender sus propios sentimientos, sino que estarás siendo honesto sin necesidad de herirle. En vez de soltar un "eres un maleducado que no dejas hablar", prueba con "me disgusta mucho no poder acabar de decir lo que quiero" o "ahora no puedo hacer esto, estoy nerviosa y no tiene nada que ver contigo. De aquí a un ratito lo hacemos".

Escribe una nota, aunque no sepa leer. A veces la palabra escrita es más contundente que la palabra dicha. Prueba a dejar una nota en su Play que diga "antes de encenderme, piensa ¿he hecho ya los deberes?" o "esta noche sesión de limpieza de dientes. Invitación especial para todos los niños de la casa y sus dientes, con la aparición estelar de Papa y Mama".

Como última recomendación os diré que uséis muchísimo el humor. Os facilitará la comunicación con vuestros hijos y alegrará el ambiente de vuestra casa. Hacer voces (imitar un robot, o poner voz chillona), soltar algo sin sentido como réplica (con ánimo de broma y que el niño lo vea) o inventar situaciones divertidas os pueden ayudar mucho a que el niño se muestre receptivo y colaborador.

Espero que os guste.

Saludos excursionistas.

Fuentes de este artículo:
Como hablar para que sus hijos le escuchen y como escuchar para que sus hijos le hablen. Adele Faber y Elaine Mazlish. Ed. Medici.

ISBN: 9788486193867

jueves, 14 de marzo de 2013

¿Jugamos a un juego? Parte 1.

Siempre me gustó esta frase (sacada de la peli Juegos de Guerra). El juego es una de las cosas más importantes en la vida de todo ser humano. Nene es un niño que está todo el día entero jugando y nosotros se lo favorecemos muchísimo. Quizás, porque nosotros, pese a ser adultos, jugamos mucho también.

Iniciamos una serie de post sobre la importancia del juego y los distintos tipos de juego en función de edades e interacción por los adultos. Esperamos que os guste.

¿Jugamos a un juego?
El juego es uno de los aspectos más importante para que el niño se desarrolle. Permite descubrir, observar, explorar y comprender el mundo que le rodea de una manera natural y hace que la toma de consciencia de el mismo y sus habilidades sea más sencilla.

Es un elemento básico para el desarrollo y aprendizaje personal, y está considerado una actividad social, educativa y terapéutica.

El juego, además, no es exclusivo del ser humano. Todos los animales aprenden y adquieren habilidades y conocimientos precisamente a través del juego. Vamos, que la naturaleza sabe lo que hace.

La próxima vez que tus hijos estén jugando, no pienses que están perdiendo el tiempo. Están desarrollándose como personas, aprendiendo a pactar y negociar, asentando bases sociales, aprendiendo habilidades profesionales y cotidianas, mejorando su coordinación y su psicomotricidad... y encima, pasándoselo pipa. Además estarán estimulando su imaginación y la creatividad. ¿Quién da más?

Ya sabéis... a jugar. A jugar mucho.

Saludos excursionistas.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Comunicación positiva. Parte 3.

Seguimos con la comunicación positiva, puesto que nos parece una herramienta que, con un poquito de práctica, puede ayudarnos tremendamente en nuestra relación con nuestros hijos y facilita enormemente la interacción con ellos.

Hoy hablaremos de los sentimientos.

Escuchar, reconocer y poner nombre a los sentimientos del niño facilita que el niño entienda qué le pasa, que encuentre soluciones por sí mismo y que se sienta comprendido.

Lo más importante y principal es escuchar.

Expresiones del tipo "ajá", "ya veo", "vaya", en vez de preguntas o consejos, invitan a que el niño explore sus propias sensaciones e ideas, y encuentre soluciones a los problemas a los que se enfrenta.

También es de gran utilidad poner nombre a lo que el niño está experimentando. Frases del tipo "veo que estás enfadado" o "esto es muy frustrante ¿verdad?" proporcionan consuelo. Ojo, no neguéis nunca el sentimiento que el niño está sintiendo. Expresiones tipo "¿cómo vas a estar enfadado?" o "no tienes motivos para estar triste" sólo sirven para que el niño encima se sienta frustrado e incomprendido.

Concédele al niño sus deseos en la fantasía... parece algo un tanto extravagante, pero funciona. Nunca se me olvidará una rabieta de Nene porque quería unas galletas que se habían terminado. Montó en cólera. ¿Qué hice? Pues abrazarle y decirle que deberíamos inventar una máquina que nos diera galletas cuando quisiéramos... ¿por qué no hacíamos entre los dos un invento para tener las galletas cuando nos diera la gana? Lo que comenzó con una rabieta monumental acabó con un dibujo de cómo debía ser la máquina y qué debía de hacer...

Cambia tu manera de expresarte. Si a un niño le dices "entiendo que estés enfadado, pero las cosas se dicen con la boca, no con las manos" o "no me gusta que me digas palabrotas. Si estás enfadado y me explicas por qué, podemos buscar juntos una solución", permite que el niño interiorice y entienda, sin necesidad de reprimendas o castigos.

Obviamente, esto no es una panacea, pero os aseguro que alivia muchas tensiones y conflictos.

Saludos excursionistas.

Fuentes de este artículo:
Como hablar para que sus hijos le escuchen y como escuchar para que sus hijos le hablen.  Adele Faber y Elaine Mazlish. Ed. Medici.

ISBN: 9788486193867

lunes, 25 de febrero de 2013

Comunicación positiva. Parte 2.

Hoy seguiremos hablando de la comunicación positiva.

El otro día definimos una serie de puntos que podrían, en cierto modo, definir en qué consiste. Ahora bien ¿qué podemos hacer para aplicar estas ideas? ¿Cómo podemos cambiar nuestra manera de comunicarnos para mejorarla?

Describe. No interpretes.
Cada uno sabe el por qué de lo que hace, y con los niños pasa exactamente lo mismo. Cuando un niño hace algo tiene sus propias razones. Si nosotros le damos una interpretación, lo más probable es que el niño se sienta enjuiciado (¿y quién no se sentiría así?) e incomprendido. Además, es un sinsentido que no conduce a nada.

Siempre es mejor describir lo que te gusta y lo que no. El mensaje es claro y directo y no darás lugar a malas interpretaciones.

Sé concreto.
Muchas veces tendemos a hablar de forma general, pensando que el receptor nos entiende perfectamente. Pero la única forma en el que el otro nos entienda correctamente es siendo claro y concreto.

Es mucho mejor decir "cuelga el abrigo" a "eres muy dejado". Además de ser un mensaje mucho más específico, no es acusador o negativo.

Céntrate en el tema.
Quien mucho abarca, poco aprieta. Si empezamos a hablar sobre varias cosas lo más probable es que acabemos hablando de nada, o que acabemos reprochando cosas que pasaron hace tiempo.

Trata los temas uno a uno. Céntrate en el que consideres prioritario, y si necesitas o deseas abordar otro tema, déjalo para más tarde.

Exprésate en positivo.
Muchas veces decimos lo que no nos gusta. No está mal, pero sólo sirve para que el otro sepa que es lo que no te gusta, no lo que quieres. Y el interlocutor no sabrá qué quieres en sustitución de lo que no.

Decir lo que uno quiere es más fácil y sencillo de entender. Por ejemplo, es mejor decir "siéntate" a "no corras", "come" a "no juegues con la comida" o "coge este papel y pinta" a "no te subas al sofá".

Deja terminar.
Deja que tu interlocutor acabe de decir todo lo que quería explicar, antes de dar una opinión o actuar. A menudo pensamos que tenemos suficientes datos e interrumpimos la comunicación, malinterpretando la situación o actuando de forma impulsiva y/o errónea.

Céntrate en el presente y el futuro.
Lo pasado, pasado está. El objetivo de cualquier conversación constructiva es cambiar y mejorar, por lo que sacar temas pasados no sirve para mucho. Además, el sacar "trapos sucios" sólo sirve para incomodar al interlocutor, que se ponga a la defensiva y dar una sensación de estancamiento.

Además, los cambios y mejoras sólo pueden ser a partir de ahora, no de hace un rato o de ayer.

Seguiremos con más aspectos de la comunicación positiva próximamente y recordad que vale para niños y adultos.

Saludos excursionistas.

Fuentes de este artículo:
http://abrazarte.org
http://adivinacuantotequiero.blogspot.com.es
http://www.cluboptimistavital.com

sábado, 16 de febrero de 2013

Comunicación positiva. Parte 1

Hay cosas que sirven tanto para fuera como para dentro de casa. Y como me interesan os las cuento.

Muchos padres decidimos que no queremos gritar, pegar o chantajear a nuestros hijos. Dedicidimos criarlos desde el respeto. ¿Y como nos lo montamos? Bueno... empecemos por el principio: usamos mucho la comunicación positiva.

La comunicación positiva permite, precisamente, establecer una línea de comunicación respetuosa que permite conectar y educar al niño desde el entendimiento en vez de desde la coacción. Además permite que el niño forme parte activa en la toma de decisiones y sea parte activa de la familia.

Existen cinco puntos para ponerla en práctica. No son complicados, no. Pero puede costar un mundo aplicarlos.

1. Cálmate.
A mí, personalmente, no me gusta nada que me griten. Es más, si se me ocurre levantar la voz a Nene en seguida suelta un "¡a mí no me gusta que me griten!". Gritar es agresivo, y hace que nos posicionemos en el bando contrario y nos pongamos a la defensiva.

Como adultos, tenemos el deber de controlarnos.

2. Escucha.
No siempre que explicas un problema a alguien buscas que te dé una solución. A veces necesitas desahogarte, y puede ser muy frustrante el explicar algo, que te den una respuesta rápida y a otra cosa.

Hay que saber interpretar cuando se busca ayuda y cuando se busca un desahogo. Si ofrecemos soluciones sin escuchar al niño, este lo que percibe es desinterés y ganas de pasar a otra cosa.

Además, los niños dan muchas veces con la solución por sí mismos, y el hecho de sentirse escuchado facilita que el niño coja confianza y hable con nosotros de forma voluntaria y abierta.

3. Habla y deja hablar.
Para nosotros es muy importante enseñar a nuestros hijos que los conflictos ser resuelven con el diálogo y, por tanto, lo hacemos también en casa.

Al dejar que el niño exponga sus razones cuando ha hecho, hace o quiere hacer algo nos permite entenderlo y conocerlo mejor.

Además, a mí, como miembro de mi familia, me gusta dar mi opinión y que se tenga en cuenta ¿por qué con los niños va a ser distinto?

4. Explica, no regañes.
Cuando intentamos corregir a un niño, lo que pretendemos es que entienda qué está bien y qué esta mal. Si no le explicamos a un niño que algo está mal es muy probable que no entienda qué es exactamente lo que no nos ha gustado y vuelva a hacerlo.

Se puede ver muy fácilmente cuando un niño pinta una pared. Si le echamos un grito, probablemente dejará de hacerlo en el acto, pero unos días después volverá a repetirlo. Sin embargo, si le explicamos que no nos gusta que pinte la pared (se ensucia, se queda fea, hay que limpiarla...) y lo hacemos partícipe del proceso de limpieza para que vea el esfuerzo que implica el dejar la pared como estaba, es muy probable que interiorice el mensaje "pintar la pared está mal" y no vuelva a hacerlo.

5. Negocia, no impongas.
A menudo los padres nos creemos poseedores de la verdad absoluta de todo. Y los niños nos demuestran constantemente que esto no es así.

El llegar a un acuerdo (tanto niños como padres), ceder y comprometerse permite el diálogo y mejora la colaboración.

Iremos escribiendo más sobre la comunicación positiva. ¡Ah! y no olvidéis que sirve tanto para niños como para adultos.

Saludos excursionistas.

Fuentes de este artículo:
http://abrazarte.org
http://adivinacuantotequiero.blogspot.com.es
http://www.cluboptimistavital.com